Yo,
el abajo firmante, condeno tajantemente los hechos acontecidos el pasado
día 8 de diciembre de 2004 cuando un grupo de asaltantes armados
raptaban a 91 beneficiarias de un centro de rehabilitación de
AFESIP en Phnom Penh. Asimismo considero que tanto la suerte de estas
mujeres y niñas como la de 4 millones más que cada año
son vendidas como esclavas sexuales es responsabilidad de gobiernos
corruptos o sin falta de interés por cambiar la situación,
aprobar leyes o dedicar partidas presupuestarias que acaben con las
causas estructurales del tráfico, que son las desigualdades y
las redes internacionales de crimen organizado.
Insto
a las autoridades competentes, al Gobierno camboyano y a la Comunidad
Internacional a que garanticen una investigación independiente
y a que se pongan en marcha todas las medidas legislativas y presupuestarias
pertinentes para acabar con el tráfico de mujeres para la explotación
sexual y las mafias que se enriquecen con él.
También dejo constancia de soy conocedor de la situación
de la esclavitud en mi país y sé que la esclavitud sexual
no es sólo un problema de los países empobrecidos si cada
año medio millón de mujeres pasan por España para
ser prostituídas en Europa.
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