La explotación sexual es una de las violaciones más graves de los Derechos Humanos de una persona, generalmente, mujer. La violencia de género y los intereses económicos se unen para generar millones de dólares cada año en el que es ya el segundo negocio ilícito más fructífero.

La permeabilidad de las fronteras de la que disfruta el crimen organizado, la vulnerabilidad de la mujer en un mundo en el que el 70% de los pobres siguen siendo mujeres y la demanda masculina de prostitución se unen en un fenómeno consecuencia de la explotación sexual: el tráfico de mujeres y niñas. Cada año 4 millones de mujeres son vendidas y compradas. Un millón de ellas entran en la Unión Europea para ser prostituídas. Según la Guardía Civil, por nuestras fronteras pasan 300.000 al tiempo que, cada día y según el Instituto Nacional de Estadística, un millón de hombres consumen mujeres prostituídas.

¿Qué es la abolición?

AFESIP forma parte de las organizaciones que, considerando esta situación se adhiere al pensamiento abolicionista que sostiene que:

La prostitución es la mayor expresión de la desigualdad y violencia de género, convertiendo a la mujer en un objeto.

La prostitución es una situación a la que se ven abocadas mayormente mujeres en situación de vulnerabilidad, con graves consecuencias psicológicas, médicas y sociales.

El prostituidor (cliente) provoca con su demanda la existencia de un mercado organizado de mujeres y niñas para su utilización como objetos sexuales.

El tráfico de mujeres es consecuencia de la demanda de prostitución en países en donde las mujeres han alcanzado un mayor nivel de paridad que no las aboca a esta situación.

Las medidas prácticas asentadas sobre esta concepción de la prostitución llevan a la implementación de legislaciones que criminalizan al cliente o prostituidor y benefician económica y socialmente a la prostituída que en ningún caso debe ser criminalizada. En aquellos países en los que se ha legalizado la prostitución bajo el supuesto de mejorar las condiciones de vida de la mujer prostituída ha aumentado el tráfico, el proxenetismo y la situación de las mujeres no ha mejorado ya que el estigma social no desaparece y, por tanto, muchas prostituídas no se dan de alta en la seguridad social como "trabajadoras del sexo".

En Suecia, Filipinas y Corea del Sur está penado consumir prostitución.